LEFAUCHEUX CIVILES
El éxito militar de estos revólveres hizo que se comenzara la producción masiva de los mismos, así como de pistolas, fusiles y escopetas dotados del mismo sistema con destino al mercado civil, ya que resultaban bastante adecuados tanto para la protección personal como para la práctica de actividades cinegéticas. Esta febril actividad pasaría a ocupar a la práctica totalidad de los talleres armeros de la zona vasca en el período comprendido entre 1860 y 1880, aunque algunos armeros la mantuvieron hasta los inicios
del s. XX.
La producción española de revólveres para cartuchos de espiga destinados al uso civil es muy variada, con modelos de simple y doble acción, con recámaras en sus tambores que podían oscilar entre las 4 y las 24, en calibres de 7, 9, 11 y 15 mm., con empuñaduras de remate abierto o esférico, con disparadores protegidos con arco de guardamonte o de tipo abatible, etc. Se trata en su mayoría de una manufactura económica en la que, no obstante, destacan algunos ejemplares, solicitados siempre por encargo, que lucen una vistosidad impresionante, con decoración damasquinada al estilo español. Muchas de estas joyas llevan gravados el nombre del fabricante, el de la persona a la que iba destinada y el del taller damasquinador.
En la década de 1870 se inventó el cartucho de fuego central, y los revólveres apodados Euskaros o Eibarreses de 5 tiros, copias de los Smith & Wesson y dotados de estos cartuchos, le fueron comiendo terreno a los de sistema de espiga o Lefaucheux hasta dejarlos totalmente obsoletos.
En 1884 el Gobierno declaró reglamentario un revólver copia de los Smith & Wesson, pero la población civil, por motivos económicos, siguió utilizando las armas Lefaucheux, por lo que no era infrecuente ver todavía a principios del siglo XX a campesinos cazando con sus viejas escopetas dotadas de este sistema.