PISTOLA RUBY - ASTRA 1916


Fabricante
ESPERANZA Y UNCETA
Origen
Guernica
Fecha Fab.
1916
Sistema
Semiautomático
Long. Total
157 mm.
Long. Cañon
89 mm.
Peso
850 Gr.
Calibre
7,65 mm
Capacidad
9
Empuñadura
Madera
Las pistolas semiautomáticas Ruby son conocidas genéricamente en España con el nombre de “eibarresas”. Durante la Primera Guerra Mundial sirvieron de dotación al ejército francés que la denominó Pistolet Automatique de 7 millim.65 genre "Ruby", y tras ella el ejército finlandés también las incluyó en su arsenal, denominándolas Pistol M/19.
Fue desarrollada a partir del diseño de la Browning Modelo 1903 por la Fabrique Nationale de Herstal (FN) de Bélgica, y en España su primera productora fue la firma Gabilondo y Urresti de Eibar quien le otorgó el nombre de Ruby.
Los motivos que la hicieron tan popular se deben a su simplicidad, bajo coste y rápida producción. Para conseguirlo, simplificaron el seguro de la Browning, cambiaron la forma de las muescas de amartillado de rectas y verticales a curvas (para las primeras se requería de una fresadora, mientras que para las segundas bastaba con un simple torno), e instalaron el marrillo interior.
Se trataba de una pistola semiautomática del calibre 7,65 mm, con un cargador con capacidad para 9 cartuchos.
Tras la Gran Guerra, pensando en el mercado civil, algunas firmas redujeron su tamaño y su calibre, que pasó a ser de 6,35 mm con 6 cartuchos de capacidad. Su producción continuó hasta la Guerra Civil en que, una vez las tropas de Franco se hicieron con las villas armeras vascas, no hay constancia de que se fabricaran nuevas series.
Su historia dentro del ejército francés es el siguiente: Durante los comienzos de la Primera Guerra Mundial, el ejército francés había sufrido grandes pérdidas de material, por lo que sus responsables se vieron obligados a buscar un arma corta de manufactura extranjera, pues sus tres fábricas gubernamentales estaban fabricando a marchas forzadas fusiles y ametralladoras.
En Norte de Francia, su región más industrializada, pronto fue ocupada por los alemanes, así que por su proximidad, miraron hacia España buscando una solución a su problema de reabastecimiento. Tuvieron en cuenta que en la zona vasca había multitud de talleres armeros en condiciones de poder construir la Ruby satisfactoriamente y que, una vez fabricadas, podían estar en sus manos casi inmediatamente.
Tomada la decisión, una comisión gala se puso en contacto con la compañía Gabilondo y Urresti de Eibar, firmando con ellos un contrato en 1914 que les aseguraba la dotación de armas cortas durante toda la guerra. El contrato especificaba que la firma española debería entregar mensualmente al gobierno francés 10.000 unidades de la pistola Ruby, comenzando la entrega en agosto de 1915, pero pronto esta cantidad no fue suficiente y los franceses duplicaron sus exigencias a 30.000 unidades mensuales, cantidad que Gabilondo no podía asumir, por lo que no tuvo más remedio que subcontratar los servicios a más de 30 talleres armeros de la zona para poder entregar el pedido, evitando así que los franceses rescindieran el contrato.
Tras su fabricación, todas las pistolas Ruby destinadas al ejército francés eran enviadas a la fábrica Manufacture d'Armes de Bayonne (MAB), en Francia para su inspección. Una vez aceptadas, eran punzonadas con dos estrellas en la boca de carga del cargador, tras lo cual salían con destino a las unidades de combate.
Es imposible saber a ciencia cierta el número real de pistolas Ruby mandadas a Francia, pues los archivos fueron destruidos durante la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial.
En 1923, rematada ya la guerra, los franceses siguieron construyendo esta pistola en la Manufacture d'Armes des Pyrénées, con el nombre de “Unique”.
Además de en la Gran Guerra, la pistola Ruby siguió utilizándose en el ejército francés durante las guerras coloniales de Siria y el Norte de África, en la Segunda Guerra Mundial, Indochina y Argelia. Muchas de estas pistolas fueron capturadas durante el conflicto de Indochina y usadas por los oficiales del Vietcong durante la guerra de Vietnam.
Pero Francia no fue el único país en la que la pistola Ruby estuvo de dotación, pues en julio de 1919, el gobierno finlandés compró a los galos 10.000 unidades a las que denominó Pistol M/19, siendo la primera pistola reglamentaria con que contó ese ejército, teniendo que utilizarlas durante la Guerra de Invierno contra los rusos y posteriormente durante la Segunda Guerra Mundial, compartiendo trinchera con la mítica Lahti.
Según una relación del ejército, en 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, de las 10.000 recibidas sólo quedaban operativas 4.500. Al rematar la guerra, debido al escaso poder de su cartucho de 7,65 mm, fueron guardadas en arsenales, contabilizándose sólo 2.581 unidades en 1951. Entre 1965 y 1971 fueron vendidas a personal militar y coleccionistas, causando definitiva baja en ese ejército en 1986.
También el ejército serbio recibió, durante la Primera Guerra Mundial, 5.000 de estas pistolas, y Yugoslavia compró otro olote de número sin especificar entre 1931 y 1933, denominándola “Pistolj 7,65 mm/VTZ 1933”.
Entre sus ventajas contaba con su simplicidad, bajo coste y rápida producción, pero también tenía sus desventajas, entre las que sobresalía la poca potencia de su calibre y, sobre todo, que al haber sido fabricadas por diferentes armeros, sus partes no eran intercambiables, incluido el cargador.
La pistola de esta colección es una tipo Ruby fabricada por la casa Esperanza y Unceta afincada en Guernica. El 25 de Noviembre de 1914 la firma registró la marca ASTRA y a partir de entonces todas sus armas iban marcadas con dicho nombre. Se trata de una ASTRA Modelo 1916, que junto con el Modelo 1915 fueron subcontratadas por la firma GABILONDO, única contratista de la pistola Ruby con el Gobierno Francés para dotar a su ejército.
Lleva en el cañón, a la altura de la ventana extractora, la palabra "HOPE” (Esperanza en inglés, lo que coincide con el apellido de uno de los fabricantes) y una “PG coronada". Estas dos marcas fueron registradas como patente por Juan Esperanza y Pedro Unceta.
Jesús Madriñán